Parada 3 de 7

Tamarama: la bahía donde el público se convertía en participante

Tamarama Beach / Tamarama Park

La historia de la valla explicará por qué hubo que defender el libre acceso al mar como un derecho público.

15 min
Amanecer sobre Tamarama Beach: cielo rosa, acantilados y una pequeña bahía
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En qué fijarse

  • El edificio del club de salvamento en el promontorio norte
  • El mural sobre Wonderland City y los nadadores
  • La bahía de arena

La historia del lugar

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Detrás de la franja de arena de la bahía comienza un barranco; en otro tiempo albergaba un teatro de mil plazas, una colección de animales, un ferrocarril y un espectáculo de boxeo. Formaban parte de un gran parque de ocio que se extendía por el barranco, el parque vecino y los bordes de la bahía. En el promontorio norte se alza el club de salvamento, cuyo actual edificio fue construido en la década de mil novecientos cuarenta. En la pared del club están pintados el desaparecido parque y los nadadores, y delante de él permanece la misma bahía de arena.

Cada mañana, Bill Stewart, uno de los nadadores locales, bajaba a los acantilados del sur de Tamarama Beach con unos alicates de corte. Cortaba el alambre de espino para llegar al agua. Los administradores volvían a instalar el alambre, llamaban a la policía, advertían a los nadadores, y Stewart regresaba de nuevo al amanecer.

La valla la instaló William Anderson, empresario teatral que ganaba dinero con melodramas de gira y mantenía dos compañías. El primero de diciembre de mil novecientos seis inauguró aquí Wonderland City: esta ciudad de ocio de pago ocupaba el parque, el barranco y los bordes de la bahía. Anderson afirmaba haber invertido veinte mil libras. En el barranco cabían un teatro para mil espectadores, una colección de animales, un ferrocarril y una barraca de boxeo, donde se prometían cinco libras al visitante que resistiera quince minutos frente a un forzudo.

Parte del público evitaba las taquillas por la orilla. Anderson protegía sus ingresos: una valla de alambre de casi dos metros y medio de altura atravesaba los acantilados y la arena de un extremo al otro de la bahía. Pero, al comprar el terreno, se había dejado fuera de su parcela una franja de doce pies de ancho —unos tres metros y medio— precisamente para el libre acceso a la playa. La valla también la bloqueaba.

George Blackburne Philip, futuro presidente del club local de salvamento, quería nadar aquí todos los días. Al principio se colaba por debajo del alambre. Cuando el vigilante lo atrapó, Philip acordó llevarle té desde el quiosco hasta la puerta principal; a cambio, lo dejaban pasar hasta el agua. Sus compañeros seguían cortando la valla. Los fines de semana Anderson la reparaba, la policía regresaba y los nadadores volvían a coger los alicates de corte.

Después enviaron una delegación al Parlamento de Nueva Gales del Sur. El seis de marzo de mil novecientos siete, el ministro de Tierras James Ashton ordenó devolver la franja costera para, según sus palabras, asegurar para siempre el libre acceso a la playa de la bahía de Tamarama. El diecisiete de abril, la playa fue destinada oficialmente al recreo público. Los participantes en la disputa formaron el núcleo del club de salvamento de Tamarama: tras conseguir el acceso al agua, se dedicaron a proteger a quienes se bañarían aquí.

El escándalo de la valla dañó la reputación del parque. Anderson contrataba artistas cada vez más audaces, pero el público disminuía. En mil novecientos once, Wonderland City cerró, dejando a su propietario casi arruinado.

Ya no hay atracciones ni alambre en la bahía. En el promontorio norte se alza el actual edificio del club de salvamento, construido ya en la década de mil novecientos cuarenta. En su pared hay un mural sobre Wonderland City y los nadadores que transformaron la estrecha franja situada ante el parque de pago en un paso libre hacia el mar.

Información práctica

Tiempo en la parada15 min
Siguiente puntoBronte Baths: las lecciones que trajo el mar
Entradadesde fuera

No juzgue la fuerza del agua por el tamaño de la playa y no se suba a las rocas mojadas. Para bañarse, siga las advertencias vigentes y permanezca en la zona vigilada.

Siguiente paso

¿Adónde seguir?

Rodee la bahía por el sendero costero y diríjase a la piscina situada en el extremo más alejado de Bronte Beach.

Parada 3 de 7Después: Bronte Baths: las lecciones que trajo el mar

Ruta terminada

Paseo completado

«Sídney frente al océano abierto» — 7 paradas, unos 7,1 km, 3-4 horas.

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