Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Puente de hierro
- Portal superior del ascensor
- Placa de calle de Bellmansgatan
La historia del lugar
El puente de hierro sobre Bastugatan conduce al portal superior del antiguo ascensor público Mariahissen. Dentro de su edificio, dos cabinas admitían a quince pasajeros cada una y los elevaban veintiocho metros. La entrada inferior estaba junto a Söder Mälarstrand, donde se podía pasar directamente del vapor al ascensor y salir a las calles altas de Södermalm. Bajo el mismo techo que este ascensor funcionaban oficinas y almacenes, se alquilaban viviendas, y había un gimnasio y un restaurante.
Antes de la apertura de Mariahissen, llevaron a los residentes de Dillströmska arbetshuset al puente de hierro sobre Bastugatan. Al menos eso dice la leyenda de Estocolmo. Los inspectores necesitaban comprobar que la estructura delgada resistiría una multitud, y ordenaron a la gente caminar por el puente y balancear el tablero. Las distintas versiones mencionan números diferentes de participantes, por lo que esta escena sigue siendo una leyenda, no un hecho establecido.
Dillströmska arbetshuset era una institución municipal para personas sin hogar y desempleadas. Algunos firmaban un contrato y vivían allí hasta que encontraban trabajo; a otros los enviaban a saldar trabajando una deuda con el servicio de ayuda a los pobres. No todos podían irse por voluntad propia. Estas personas corrían el riesgo de caer junto con el puente, cuya seguridad se probaba para futuros pasajeros de pago. El puente resistió.
Lo necesitaba el revisor Alban Herlitz. Herlitz vivía en Maria församling y trabajaba junto a Rödbodtorget, en la otra orilla de Riddarfjärden. El éxito del primer ascensor público de Estocolmo le sugirió un plan empresarial: unir la travesía en vapor con las calles altas de Södermalm.
En mil ochocientos ochenta y cuatro, Herlitz fundó Maria Hiss- och Magasins AB, una sociedad anónima. La empresa compró un terreno junto a Söder Mälarstrand y ordenó tallar un espacio en la roca. La construcción costó unas trescientas mil coronas, sin contar el precio del terreno. En marzo de mil ochocientos ochenta y seis comenzaron los viajes.
Un vapor llevaba a la gente desde Mälartorget directamente a la entrada inferior. Dos cabinas elevaban a quince pasajeros cada una veintiocho metros, y un puente de hierro los conducía sobre Bastugatan hasta Bellmansgatan. Mariahissen significa «el ascensor de María»: llevaba a Mariaberget, la elevación de la parroquia de María Magdalena. En el mismo edificio, Herlitz daba en alquiler espacios para viviendas, oficinas, almacenes, un gimnasio y un restaurante.
El cálculo no resultó. La travesía desapareció, los pasajeros fueron disminuyendo y el restaurante cerró en mil novecientos ocho. En mil novecientos treinta y siete también cesaron los viajes de ascensor abiertos al público. Las oficinas y los talleres siguieron ocupando el edificio, pero la ruta de transporte de Herlitz se interrumpió: la entrada inferior, las cabinas y el puente dejaron de formar una única vía urbana.
El portal superior da a una calle que ya llevaba quince años el nombre de Carl Michael Bellman cuando se inauguró el ascensor. Antes se llamaba Björngårdsbrunnsgatan. Bellman, poeta y compositor de canciones sobre la gente de la Estocolmo del siglo dieciocho, nació en este barrio y creció en otra casa, más adelante en la actual calle. Sus Fredmans epistlar convirtieron a músicos de taberna, artesanos y visitantes de los establecimientos urbanos en héroes de la poesía sueca. En mil ochocientos setenta y uno, los funcionarios municipales dieron a la calle su nombre precisamente por las casas de su infancia.
Ambas casas desaparecieron. El apellido del poeta se conserva en la placa de la calle junto al puente de hierro por el que los pasajeros de Mariahissen salían en otro tiempo de la cabina hacia Bellmansgatan.
Información práctica
Punto urbano del recorrido; el acceso al ascensor, la iglesia, el museo y el teatro cambia, por lo que consulte las normas vigentes en las páginas oficiales o in situ.
Comprobado: sin fecha. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Considere el ascensor como una parte histórica del edificio, no como una forma de descenso de uso público. Las fachadas y el relieve se ven bien desde la calle.
