Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- La línea recta de la calle Pařížská
- La amplia calzada
- Edificios de renta con tiendas
- Puente Čech
La historia del lugar
La calle Pařížská corta el antiguo tejido de Josefov con una ancha línea recta: desde la plaza de la Ciudad Vieja conduce al Moldava y culmina en el puente Čech. A ambos lados se alzan grandes edificios de renta con tiendas en las plantas bajas, concebidos ya para el nuevo centro urbano. Su trazado reúne partes de las antiguas calles Řeznická, Hřebenová, Antigua de Correos y otras vías cortas, cuyos nombres recordaban las ocupaciones de las personas que vivían aquí. Los urbanistas praguenses tomaron como modelo los bulevares franceses, y por eso la calle recibió su nombre parisino.
En marzo de mil ochocientos ochenta y cinco, el médico jefe municipal de Praga, Jindřich Záhoř, acudió a una reunión del consejo sanitario con la propuesta de demoler Josefov y los barrios vecinos, y construir un barrio nuevo en el terreno liberado. Lo defendía por razones muy concretas: abastecimiento de agua, alcantarillado, sótanos secos y calles a las que llegaran la luz y el aire. La baja orilla del Moldava se inundaba con regularidad, faltaba agua limpia y las casas estaban más apretadas de lo que permitía su altura.
Para entonces, Josefov ya había dejado de ser un gueto judío. Tras autorizarse que se viviera en otras partes de Praga, las familias judías acomodadas se marchaban de aquí; en mil ochocientos ochenta y nueve, los judíos constituían solo cerca de una décima parte de los habitantes del barrio. Las habitaciones que quedaban libres las ocupaban los praguenses más pobres. La mitad de los vecinos eran subinquilinos o pagaban solo por pasar la noche. En muchas habitaciones vivían tres personas o más. Unos sobrevivían con trabajos ocasionales; otros regentaban tiendas de objetos usados. Para uno de esos comerciantes, la dirección formaba parte de sus ingresos, y para quien alquilaba un lugar donde pasar la noche, un rincón arrendado podía ser el único techo.
Tras la propuesta de Záhoř, la ciudad convocó un concurso para un nuevo plan. Ganó el equipo de Alfred Hurtig, que trabajaba como topógrafo municipal: se ganaba la vida midiendo parcelas y trazando límites en los mapas. El proyecto se llamó «El fin del gueto». Hurtig trazó desde la plaza de la Ciudad Vieja hasta el Moldava una calle recta de veinticuatro metros de anchura. Los viejos callejones y los límites de las propiedades no se ajustaban a esa línea, por lo que estaba previsto eliminarlos junto con las casas.
Para demolerlas no bastaban los planos. En mil ochocientos noventa y tres, la ciudad obtuvo durante diez años el derecho de adquirir inmuebles por expropiación. Al mismo tiempo, se prometió a los propietarios de edificios nuevos una exención de veinte años del impuesto sobre los ingresos por alquiler. La amenaza de expropiación hizo que muchos propietarios vendieran las parcelas sin procedimiento formal, y la ventaja fiscal atrajo a los promotores. La tasación y la compensación se negociaban con los propietarios; los inquilinos tenían que mudarse antes de que llegaran las cuadrillas de demolición.
Las demoliciones comenzaron en mil ochocientos noventa y seis precisamente aquí, donde la futura avenida desembocaba en la plaza de la Ciudad Vieja. Dentro del saneamiento —así llamaban a la mejora sanitaria de la ciudad mediante demolición y reconstrucción completa— desaparecieron cerca de seiscientos edificios de Josefov y de las partes colindantes de la Ciudad Vieja. En lugar de habitaciones baratas, talleres y tiendas, se levantaron grandes edificios de renta con comercios en las plantas bajas. La calle recta se prolongó hasta el Moldava y, a comienzos del siglo veinte, se construyó el puente Čech siguiendo la misma línea. La prolongación prevista a través de Letná nunca llegó a abrirse.
La calle recibió su nombre actual en mil novecientos veintiséis. Se la llamó calle Pařížská porque los urbanistas praguenses tomaron como modelo los amplios bulevares franceses. Junto a esta placa no hay una única calle antigua precursora: bajo la línea recta de la calle Pařížská se encuentran partes de las antiguas calles Řeznická, Hřebenová, Antigua de Correos y de otros callejones. Sus nombres correspondían a las ocupaciones de quienes vivían aquí; los propios callejones desaparecieron antes incluso de que surgiera aquí el bulevar de Praga con nombre de París.
Información práctica
Calle urbana abierta; las fachadas se leen mejor por encima del nivel de los escaparates.
Comprobado: 26 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Compare la perspectiva desde la acera y cruce la calle solo por los lugares autorizados. Aquí no hay un único objeto conmemorativo: el sentido de la parada se revela a través de la escala y de los vacíos.
