Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Paneles azules y blancos
- Escenas de las vidas de Francisco y Catalina
- La larga pared de la capilla
- Vidriera con almas sobre la entrada
La historia del lugar
Tras los paneles azules y blancos de la larga pared se conserva una capilla que comenzó siendo muy pequeña y de madera. Su antigua advocación a Catalina de Alejandría dejó su nombre a la calle de Santa Catalina. Cuando la comunidad dejó de caber dentro, desmontaron la construcción de madera y, a finales del siglo dieciocho, levantaron el templo actual, ampliado más tarde. Casi dieciséis mil azulejos cubrieron sus paredes, antes encaladas, solo en mil novecientos veintinueve, y la vidriera sobre la entrada recuerda por quién se siguen celebrando misas aquí.
En mil setecientos ochenta y nueve se trasladó aquí la Hermandad de las Ánimas y Llagas de San Francisco. Había sido fundada en Oporto ciento veintiún años antes. Los miembros de la hermandad encargaban oraciones y misas por los difuntos: según la doctrina católica, los vivos podían aliviar la estancia de las almas en el purgatorio. Las llagas del nombre se referían a los estigmas de Francisco de Asís: marcas semejantes a las heridas de Cristo crucificado.
Para quien ingresaba, la apuesta era personal. Confiaba en que, tras su muerte, los demás hermanos rezarían por él. En mil setecientos noventa y cinco, el papa Pío VI concedió a los nuevos miembros de la hermandad una indulgencia plenaria, con la condición de comulgar el día de su ingreso. La indulgencia era la remisión del castigo por pecados que ya habían sido perdonados en confesión.
La hermandad llegó desde el Monasterio de Santa Clara a una pequeña Capilla de Santa Catalina, construida en madera. Según la tradición eclesiástica, Catalina de Alejandría fue una cristiana instruida de Alejandría que se negó a renunciar a su fe ante el emperador y fue ejecutada. Ya era venerada aquí antes de que llegara la hermandad; esta capilla dio nombre también a la calle de Santa Catalina.
Tras el traslado de la hermandad, aumentó el número de feligreses. Los dirigentes de la comunidad desmontaron la estrecha capilla de madera y, a finales del siglo dieciocho, levantaron el edificio actual, que ampliaron en mil ochocientos uno. El nuevo templo pasó a llamarse Capilla de las Almas, aunque Catalina conservó su lugar en la advocación.
Los paneles azules aparecieron mucho más tarde. Hasta mil novecientos veintinueve, las paredes exteriores estaban revocadas y encaladas. El artista ceramista Eduardo Leite preparó los dibujos, y los maestros de la Fábrica de Cerámica Viúva Lamego, de Lisboa, fabricaron casi dieciséis mil azulejos con escenas de las vidas de Francisco y Catalina.
Leite mezcló episodios de las biografías de dos santas distintas: Catalina de Alejandría y la monja medieval Catalina de Siena. La antigua capilla estaba dedicada precisamente a Catalina de Alejandría. Ahora, en los azulejos, junto a ella permanece también su tocaya; en la larga pared se despliega la historia de Francisco, y en la vidriera sobre la entrada aparecen las almas por las que la hermandad llegó aquí en mil setecientos ochenta y nueve. Dentro se siguen celebrando misas católicas, y la capilla sigue estando a cargo de la misma Hermandad de las Ánimas y Llagas de San Francisco.
Información práctica
Lun–Vie 07:30–18:00; Sáb 07:30–12:45 y 18:00–19:00; Dom 07:30–12:45 y 18:00–19:00.
Comprobado: 17 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.El relato principal se escucha desde fuera, por lo que una puerta cerrada no impide la parada. Observe las paredes desde un lugar seguro junto al cruce concurrido. Si la capilla está abierta, entre en silencio y no reproduzca el audio durante la misa o la oración.
