Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Yeso tallado
- Mosaicos de azulejos
- Suelos de mármol
- Techos de cedro pintados
La historia del lugar
En este lugar se alzaba la casa de Si Musa. A su alrededor se compraron parcelas vecinas y se unieron los patios mediante pasadizos, formando un complejo palaciego de riads, patios interiores ajardinados, aposentos y salas de recepción. El yeso tallado, los mosaicos de azulejos, los suelos de mármol y el cedro pintado decoran las salas, y en el pequeño riad se encontraba la sala del consejo, donde se trataban los asuntos del Estado.
En los últimos días de la primavera de mil novecientos, apostaron guardias ante las puertas del Palacio de la Bahía. Dentro agonizaba Ba Ahmed, el gran visir, es decir, el primer ministro y regente del joven sultán Moulay Abd al-Aziz. Los médicos lo mantenían con inhalaciones de oxígeno, mientras sus parientes, esposas, sirvientes y esclavos esperaban: con la muerte del dueño se decidía su propio destino.
Ba Ahmed procedía de una familia de esclavos de la corte que había logrado ascender a los cargos más altos. No contaba ni con una dinastía reinante ni con una tribu influyente. Su riqueza procedía del servicio al sultán, y podía perderla junto con el cargo. Cuando el sultán Hasán I murió en mil ochocientos noventa y cuatro, fue precisamente Ba Ahmed quien aseguró la subida al trono de su joven hijo, Moulay Abd al-Aziz. El nuevo sultán lo nombró gran visir, pero durante los seis años siguientes el regente dirigió los asuntos del Estado.
Entonces Ba Ahmed emprendió una construcción alrededor de la casa de su padre, Si Musa. Compraba las parcelas vecinas, unía los patios mediante pasadizos y encargaba a los artesanos decorar las salas con yeso tallado, cedro pintado y mosaicos de azulejos vidriados. Así surgió una intrincada sucesión de riads, patios interiores ajardinados, aposentos y salas de recepción. En el pequeño riad se encontraba la sala del consejo, donde Ba Ahmed trataba los asuntos del Estado. «Al-Bahía» significa «La Resplandeciente». Según una tradición extendida, Bahía era el nombre de la esposa favorita del visir y el palacio recibió su nombre; no se ha conservado ningún documento fiable que confirme esta dedicación.
Cuando Ba Ahmed murió, los guardias cerraron las puertas. Según el testimonio de un contemporáneo que se encontraba entonces en Marrakech, las personas que estaban dentro forzaban arcas y cajas fuertes, sacaban documentos y escondían piedras preciosas. Mientras tanto, el cuerpo del visir fue sacado del palacio. El sultán Moulay Abd al-Aziz caminaba detrás de las andas y lloraba en el funeral del hombre que lo había sentado en el trono y lo había mantenido allí seis años.
Al regresar, lo primero que hizo el sultán fue firmar un decreto de confiscación de los bienes de Ba Ahmed. Era una costumbre cortesana: la propiedad de un dignatario fallecido pasaba al soberano. Durante varios días, animales de carga sacaron de aquí alfombras, camas, muebles y cajas fuertes. Obligaron a las esposas y a los sirvientes a entregar lo que habían conseguido esconder. La familia fue expulsada sin recursos, y el sultán se quedó con los esclavos: conservó a una parte y vendió a otra.
En las salas actuales casi no quedan objetos de Ba Ahmed. No pudieron llevarse lo que los artesanos habían fijado al propio edificio: yeso tallado, mosaicos de azulejos, suelos de mármol y techos pintados. El palacio, que el visir amplió hasta los últimos meses de su vida, quedó vacío pocos días después de su muerte.
Información práctica
Monumento de pago; los horarios actuales, las entradas y las salas cerradas deben comprobarse antes de entrar.
Comprobado: 28 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.No se apresuren a buscar una única gran sala: el sentido del palacio se revela en la sucesión de espacios y en el cambio de la luz.
