Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- La escultura «El Beso»
- Figuras tumbadas
- Borde del acantilado
La historia del lugar
El Parque del Amor está dispuesto en el borde de un acantilado del Pacífico; en su centro yace una gran escultura de una pareja que se besa. Su autor comenzó haciendo pequeñas figuras al observar a las parejas camino de la playa: se besaban, reñían y se reconciliaban. De aquellos bocetos eligió la postura de dos personas tumbadas y dio a las figuras sus propios rasgos y los de su compañera. Junto a esa pareja posan ahora recién casados con ramos.
Víctor Delfín, escultor profesional, llamó a una joven pareja que huía de aquí al ver al alcalde. Delfín y Alberto Andrade, entonces alcalde de Miraflores, inspeccionaban el borde del acantilado en busca de un lugar para una gran escultura. El terreno estaba descuidado y al lado había una obra ajena abandonada. Los enamorados pensaron que los habían sorprendido haciendo algo prohibido.
Según los recuerdos de Delfín, en los años cincuenta los policías realmente detenían a adolescentes por besarse o incluso por ir de la mano. Llamaban a los padres de la chica para pedir explicaciones, podían llevarse al joven a comisaría y avergonzaban a ambos. Décadas después, la vieja expectativa de un castigo aún hizo que la pareja echara a correr.
Delfín los detuvo y prometió: aquí aparecerá un lugar donde se respetará a los enamorados y nadie los molestará. Andrade oyó esas palabras. Entonces dieron al futuro parque el nombre de Parque del Amor.
La idea de la propia escultura había surgido antes. Desde una casa en otro tramo de la costa, Delfín observaba a las parejas que bajaban a la playa: se besaban, reñían y se reconciliaban. El artista hacía bocetos, modelaba pequeñas figuras en distintas posturas y eligió una pareja tumbada, unida en un beso. Modeló al hombre a partir de sí mismo y a la mujer a partir de su compañera, Ana María Ortiz.
Andrade fue a su taller por un motivo completamente distinto: Delfín quería saber cómo plantar vegetación en la tierra seca junto a la casa. El alcalde vio la pequeña escultura y preguntó si el artista podría ampliarla. Después de aquella conversación fueron a los acantilados, donde se encontraron con los enamorados que huían.
Para Delfín fue un auténtico encargo municipal, con el que ganaba dinero como escultor: por la obra monumental le pagaron treinta mil dólares. El catorce de febrero de mil novecientos noventa y tres, Andrade inauguró el parque, besó a su esposa e invitó a las parejas reunidas a hacer lo mismo.
Después de la inauguración, le dijeron a Delfín que «El Beso» arruinaría su carrera. A unos les indignaban los abrazos desnudos; a otros, las figuras descalzas y morenas en un distrito acostumbrado a considerarse blanco. Llamaban a la escultura grosera y provocadora. Como resultado, las generaciones más jóvenes de peruanos empezaron a asociar ante todo el nombre de Delfín con ella.
En el centro del parque, Víctor Delfín y Ana María Ortiz siguen besándose: son la pareja ampliada de su taller. Delante de ellos se fotografían recién casados con ramos. Allí de donde dos enamorados huyeron una vez al ver al alcalde, ahora es habitual besarse en público.
Información práctica
Parque urbano abierto; es mejor visitarlo con luz diurna o durante las horas nocturnas más concurridas.
Comprobado: 29 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.La explanada está expuesta al viento y reúne a muchas personas que se fotografían. No subas a la escultura ni bloquees los pasajes estrechos junto a los muros de mosaico.
