Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Fachada principal del palacio
- Escalera de mármol
- Salones ceremoniales
La historia del lugar
La fachada principal oculta las estancias ceremoniales, a las que se sube por una escalera de mármol. El edificio actual se completó en mil novecientos treinta y ocho, pero la escalera reproduce el ascenso de la antigua casa. Los viejos muros de adobe desaparecieron, y el solar llegó a ser residencia de los virreyes. Tras la independencia, aquí se instalaron los presidentes y su administración.
En la mañana del veintiséis de junio de mil quinientos cuarenta y uno, Francisco Pizarro no salió de aquí para asistir a la misa dominical. Al gobernador de Nueva Castilla —así llamaba la Corona española a los territorios conquistados con centro en Lima— le advirtieron que en la plaza se preparaba un ataque. Pizarro se quedó en su casa. La casa servía a la vez de residencia y de oficina, de modo que la prudente decisión no hizo más que trasladar el asesinato de la plaza al interior.
Por Pizarro vinieron los partidarios de Diego de Almagro, su antiguo compañero en la conquista de Perú y rival en la disputa por Cusco. El ejército de los hermanos Pizarro derrotó a Almagro y, en mil quinientos treinta y ocho, Hernando Pizarro ordenó ejecutarlo. Tras la muerte de Almagro, su joven hijo Diego reclamaba las tierras, la fortuna y el cargo que su padre le había legado. Francisco Pizarro recortó la herencia, rechazó sus pretensiones de gobernar y privó a los partidarios de Almagro de sus cargos y bienes.
Algunos de ellos vivían de limosnas. Un cronista escribió que los hidalgos empobrecidos usaban entre todos una sola capa decente: sin esa prenda, un hombre de su estamento no podía mostrarse en la calle. De ahí su apodo: los Caballeros de la Capa. Su jefe, Juan de Rada, tutor del joven Almagro, quería poner a su pupilo en el lugar de Pizarro.
El rey ya había enviado a Perú al juez Cristóbal Vaca de Castro para dirimir la disputa y ocupar el cargo de gobernador si Pizarro moría. Mientras el enviado se retrasaba en el camino, los almagristas decidieron adelantarse a él. Al principio planeaban atacar a Pizarro de camino a la catedral. Al enterarse de que el gobernador se había quedado en casa, Rada condujo a sus cómplices por la plaza directamente hasta su residencia.
Los atacantes subieron por la amplia escalera. Pizarro ordenó al capitán Francisco de Chávez que cerrara la puerta con llave, pero este intentó hablar con quienes habían llegado. Lo mataron en el umbral y el acceso permaneció abierto. Pizarro tuvo tiempo de envolverse el brazo izquierdo con una capa a modo de escudo y tomó una espada. Se defendió en sus aposentos hasta que uno de los atacantes recibió la orden de arrojarse directamente contra la hoja: el cuerpo quedó colgado del arma, los demás rodearon al gobernador y lo hirieron en el cuello. En las actas de la investigación posterior consta que a Pizarro, ya tendido, le golpearon el rostro con un gran jarro de barro con agua.
Ese mismo día, los conspiradores obligaron al cabildo a reconocer como gobernador a Diego de Almagro el Mozo y lo instalaron aquí, en la casa del hombre asesinado. La residencia mostró de inmediato lo que buscaban: ocupar las habitaciones del gobernador significaba ocupar también su cargo.
El juez real llegó de todos modos a Perú y no reconoció el nuevo nombramiento. En mil quinientos cuarenta y dos, su ejército derrotó a los almagristas en Chupas. El joven Almagro huyó, fue capturado en Cusco y ejecutado. Juan de Rada no vio este desenlace: enfermó durante la campaña y murió en Jauja.
La casa tampoco acabó en manos del vencedor de la conjura. La ocuparon funcionarios reales. En mil quinientos cincuenta y cinco, el Tesoro pagó a la hija de Pizarro un alquiler calculado desde el día del asesinato y después recibió el solar a cuenta de la deuda de su padre con la Corona. Aquí se instalaron los virreyes y, tras la independencia, los presidentes y su administración.
El actual palacio se terminó en mil novecientos treinta y ocho; las habitaciones de Pizarro y los antiguos muros de adobe desaparecieron. En el interior se conservó la ubicación de la antigua escalera. Ahora se sube por sus escalones de mármol a los salones ceremoniales, allí donde los Caballeros de la Capa caminaron hacia la puerta sin cerrar.
Información práctica
Parada exterior del recorrido. El inventario turístico describe las visitas presenciales como semirrestringidas y sujetas a autorización previa; el paso junto al perímetro depende de la seguridad y las ceremonias.
Comprobado: 1 de julio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Contemple el edificio solo desde la zona pública autorizada y cumpla los requisitos de seguridad. El relato no exige entrar: las habitaciones de los palacios anteriores tampoco se han conservado.
