Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Valla de madera semicircular
- Cubierta
- Pedestal con placa conmemorativa
- Océano Pacífico
La historia del lugar
Al borde del acantilado, sobre el océano Pacífico, hay una plataforma abierta con cubierta y una valla de madera semicircular. El proyecto para ella fue cedido gratuitamente a la ciudad, y el municipio hizo este lugar accesible al público. Un pedestal con una placa conmemorativa conserva el nombre de la poeta en cuyo honor se nombró la plataforma.
La dedicatoria llegó aquí antes que el propio mirador. El veinticinco de mayo de mil novecientos ochenta y siete, integrantes de la asociación barranquina «Ronda Panamericana de Barranco» plantaron un árbol al borde del acantilado. Bajo sus raíces colocaron tierra traída de distintos países de América. Dedicaron el árbol a Catalina Recavarren Ulloa de Zizold, nacida en Barranco, poeta y activista de asociaciones literarias, que recorrió países de América, Europa y la Unión Soviética con conferencias y lecturas.
Para entonces, Recavarren ya publicaba desde hacía más de medio siglo, pero no vivía solo de la fama de sus libros. Escribía guiones para un programa infantil de Radio Nacional del Perú y después realizó labor cultural en una escuela normal femenina. Junto a sus poemas infantiles, publicaba poesía sobre el cuerpo y el deseo de las mujeres, un terreno que el mundo literario del Perú dejó durante mucho tiempo a los hombres. Un año antes de la plantación del árbol, Recavarren, de ochenta y dos años, recopiló la «Antología de la mujer peruana»: reunió bajo una misma cubierta obras de cincuenta escritoras que rara vez se incluían en las historias generales de la literatura. La tierra de distintos países se refería precisamente a esa labor suya: los viajes, las lecturas y el intento de unir a autores a través de las fronteras.
Solo a finales del año siguiente se instaló aquí un mirador propiamente dicho. Arturo Solís Málaga elaboró y cedió gratuitamente el proyecto y, con Pedro Allemant Centeno como alcalde, se construyó al borde del acantilado una plataforma de acceso público con cubierta y una valla de madera semicircular. Así, primero la gente eligió este punto para homenajear a una poeta viva y después, alrededor de la dedicatoria, surgió un lugar desde el que se venía a contemplar el océano Pacífico.
Catalina Recavarren murió en Barranco el once de mayo de mil novecientos noventa y dos. La «Ronda Panamericana de Barranco» decidió consolidar el homenaje iniciado en vida de la poeta y pidió al concejo municipal que diera al mirador el nombre de la poeta. El veintinueve de septiembre, el concejo accedió a la petición. Así, el nombre no correspondió ni al proyectista ni al alcalde: el espacio público recibió el nombre de una mujer cuya labor literaria sus paisanos ya habían reconocido aquí con un árbol.
En la plataforma hay un pedestal con una placa conmemorativa dedicada a Catalina Recavarren. El inventario oficial actual no precisa qué fue del árbol plantado en mil novecientos ochenta y siete, por lo que no es posible identificarlo con seguridad con uno de los árboles de aquí. La placa conserva el resultado de aquella historia: primero se colocó bajo las raíces tierra de países de América y, cinco años después, el nombre de la poeta apareció en el mapa de Barranco.
Información práctica
Todos los días 05:00–23:00; acceso libre
Comprobado: 19 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Manténgase fuera de las zonas cercadas y deje libre el acceso a la panorámica. Con la garúa, la orilla lejana puede desaparecer, pero el relieve del acantilado y la relación entre la zona alta y el mar siguen siendo visibles.
