Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Entrada principal
- Gran escalera de mármol
- Impactos de bala
- Despacho presidencial
La historia del lugar
Tras la fachada principal de este antiguo Palacio Presidencial, las plantas estaban separadas casi como mundos distintos. Abajo funcionaban las dependencias de servicio; por encima se encontraban los despachos y las salas para recepciones oficiales, y más arriba comenzaban las habitaciones privadas y el cuartel de la guardia del palacio. Desde mil novecientos setenta y cuatro funciona aquí la exposición permanente del Museo de la Revolución, pero no modificaron la distribución: se conservan las partes de trabajo y residenciales del palacio. En la ancha escalera de mármol se distinguen las huellas de las balas.
El trece de marzo de mil novecientos cincuenta y siete, una pequeña caravana llegó a la entrada principal del Palacio Presidencial: un automóvil, una furgoneta roja de reparto y otro coche. En la furgoneta viajaban unos cuarenta hombres armados. El comandante militar del grupo era Carlos Gutiérrez Menoyo, un emigrante español que había combatido contra las tropas nazis en el ejército francés. Los organizadores lo eligieron precisamente por su experiencia de combate: Menoyo debía conducir a los atacantes a través de la guardia hasta el despacho del presidente Fulgencio Batista y matarlo.
Cinco años antes, Batista había tomado la presidencia mediante un golpe de Estado y había cancelado las elecciones. El Directorio Revolucionario clandestino, surgido del movimiento universitario, esperaba descabezar al régimen de un solo golpe, armar a sus partidarios y restablecer el orden constitucional. La parte política de la operación la preparaba Menelao Mora, abogado, exdiputado y opositor de Batista. Al salir de casa, le entregó a su hijo un reloj de pulsera: si no regresaba, el reloj se quedaría con él.
Para un plan así, todo tenía que terminar en unos minutos. Abajo estaban las dependencias de servicio; más arriba, el despacho presidencial, el Salón de los Espejos y la sala del Consejo de Ministros; aún más arriba vivía la familia Batista, y la última planta la ocupaba la guarnición del palacio. Menoyo neutralizó el puesto de la entrada y condujo a una parte del grupo hacia arriba. Los atacantes irrumpieron en el Salón de los Espejos y llegaron al despacho, pero el presidente ya no estaba allí.
Según un relato posterior del propio Batista, unos minutos antes de los disparos cruzó el pasillo, abrió una puerta junto al despacho y subió por la escalera interior a las habitaciones privadas: su hijo pequeño se había resfriado y el padre fue a ver al niño. Bastó aquel desplazamiento habitual entre el despacho y el apartamento. Mientras los atacantes buscaban a Batista en la planta de representación, la guardia se reunió arriba y empezó a obligarlos a retroceder.
El grupo de apoyo, que debía bloquear los accesos al palacio, nunca apareció. Al grupo de asalto se le estaban acabando las municiones. Carlos Gutiérrez Menoyo sufrió una herida mortal, Menelao Mora también murió dentro del palacio y los supervivientes se retiraron. Batista sobrevivió al atentado y siguió siendo presidente hasta el primero de enero de mil novecientos cincuenta y nueve, cuando abandonó Cuba.
La exposición permanente del Museo de la Revolución se instaló aquí en mil novecientos setenta y cuatro. En el antiguo palacio se conservan el despacho al que trataba de llegar el grupo y la planta residencial situada encima, adonde fue Batista. En la gran escalera de mármol dejaron los impactos de bala del trece de marzo.
Información práctica
Todos los días 10:00–17:00
Comprobado: 19 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Las huellas del asalto en el interior solo están accesibles al visitar el museo; compruebe por separado la entrada y las salas abiertas. Si el edificio está cerrado, obsérvelo desde fuera e intente ver el Pabellón Granma desde una zona pública a la que esté permitido acceder.
