Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Los caminos del jardín triangular
- El quiosco de música
- La fachada del Templo de San Diego
- Los bancos
La historia del lugar
El triángulo de caminos ante la fachada de San Diego surgió de una plaza donde se comerciaba, se celebraban fiestas de la ciudad y a veces se asistía a corridas de toros. Cuando la ciudad necesitó un lugar para pasear por la tarde en el centro, aquí se plantaron árboles, se trazaron caminos, se colocaron bancos y se encendieron faroles de aceite; el jardín pronto se quedó pequeño para todos los que querían acudir. El nombre Unión permaneció tras la victoria de los partidarios de las reformas laicas en la guerra civil, y el quiosco se instaló para las orquestas. Hoy, bajo su cubierta, tocan mariachis y conjuntos estudiantiles, y los paseos musicales parten desde aquí hacia los callejones.
A finales de noviembre de mil ochocientos diez, en esta plaza el franciscano José María de Jesús Belaunzarán salió al encuentro de una columna de soldados realistas. Servía en el vecino Convento de San Diego e intentaba salvar a los habitantes que se habían quedado en sus casas.
Casi dos meses antes, los insurgentes habían tomado la Alhóndiga de Granaditas. Ahora el ejército realista había recuperado Guanajuato, y sus comandantes Félix María Calleja y Manuel de Flon, conde de la Cadena, decidieron vengar a los españoles muertos en la Alhóndiga. Flon ordenó tocar a degüello. Esta señal militar significaba que no habría cuartel: los soldados podían matar a las personas que encontraran a su paso, sin distinguir si habían participado en la insurrección o no.
Las calles ante la columna de Flon quedaron desiertas y las puertas de las casas estaban cerradas. Cuando los soldados llegaron a la Plaza de San Diego —así se llamaba el actual Jardín de la Unión—, Belaunzarán se arrodilló ante el comandante con un crucifijo en la mano. Los historiadores transmiten así su argumento: los culpables ya habían huido a las montañas; las personas que permanecían en la ciudad no habían causado ningún daño. El sacerdote exigió que se revocara la orden y recordó a Flon que tendría que responder ante Cristo por la sangre derramada.
Flon revocó la orden. La represión no terminó allí: los sospechosos de participar en la insurrección eran detenidos y ejecutados, y Calleja publicó un decreto general de indulto solo el veintinueve de noviembre. Pero el asesinato sin juicio de todos aquellos a quienes los soldados encontraran en las calles cesó después de la conversación en esta plaza.
Entonces aún no había jardín aquí. La plaza frente al convento servía de mercado y de lugar para las celebraciones de la ciudad, y a veces se adaptaba para corridas de toros. Los primeros árboles se plantaron en mil ochocientos treinta y seis. En octubre de mil ochocientos sesenta y uno, los funcionarios municipales trazaron caminos, instalaron bancos y faroles de aceite: a Guanajuato le faltaba un lugar cómodo para pasear por la tarde en el centro. La crónica municipal pronto se quejaba ya de lo contrario: el nuevo jardín a veces no daba cabida a todos los que querían acudir.
El nombre «Unión» quedó ligado al jardín después de la victoria de los partidarios de las reformas laicas en la ya concluida Guerra de Reforma, una guerra civil. El quiosco se añadió más tarde para las actuaciones de las orquestas. Sigue sirviendo de escenario, junto a él se reúnen mariachis y conjuntos estudiantiles, y desde aquí parten paseos musicales por los callejones.
De la antigua Plaza de San Diego se conserva la relación espacial con el Templo de San Diego. Ante su fachada, donde Belaunzarán detuvo la columna de Flon, ahora se extienden los caminos del jardín triangular y se alza el quiosco de música.
Información práctica
Jardín urbano abierto, acceso sin entrada.
Comprobado: sin fecha. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Elija un lugar junto al borde del camino para no bloquear el circuito de paseo; el antiguo puente oculto bajo la carretera no se ve desde la superficie.
