Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Pescadera de granito
- Pez plano en la mano de la estatua
- Canal
- Borde del antiguo muelle
La historia del lugar
El canal actual marca el límite del antiguo puerto natural. Cuando el agua llegaba hasta la orilla arenosa, las barcas se sacaban directamente a tierra, y más tarde los barcos pesqueros amarraban en los muelles; los rellenos realizados durante siglos fueron alejando poco a poco el agua, aunque bajo las casas se encontraron partes de embarcaciones y antiguas fortificaciones. Durante varios siglos se vendió aquí la captura que los pescadores llevaban a la ciudad desde el mar. En el borde del muelle, la vendedora de granito todavía sostiene un pez plano en la mano.
En la víspera de Año Nuevo de mil novecientos sesenta y tres, Doris Marx, nuera de una pescadera, llegó a este canal para ayudar a su suegra a envolver bacalao para los clientes. Esperaba pasar un día tras el mostrador. Después, Doris vendió pescado aquí durante casi cuarenta y cinco años.
Para entonces, el principal mercado de pescado ya se había trasladado al Puerto Sur: el antiguo muelle se había quedado pequeño. Cuando Doris empezó a trabajar, solo quedaban cinco vendedoras. Veinte años después, se quedó sola.
Antes del traslado del mercado, la venta de pescado determinó la actividad de Gammel Strand durante varios siglos. El nombre significa «Orilla Vieja». Antiguamente aquí estaba la línea de costa del puerto natural: al principio, las barcas se sacaban directamente a la arena; más tarde, los pescadores amarraban en los muelles. Tras siglos de rellenos, el agua retrocedió hasta el canal actual. Los arqueólogos encontraron partes de embarcaciones y de antiguas fortificaciones costeras incluso bajo las casas a lo largo de la calle.
Desde mediados del siglo dieciocho, entre las vendedoras predominaban las mujeres de Skovshoved, un pueblo pesquero situado a unos diez kilómetros al norte de Copenhague. Las llamaban skovserkoner, esposas de Skovshoved. En las familias de pescadores, los hombres salían al mar y manejaban las barcas; las mujeres ayudaban con las redes y se encargaban de vender la captura. A los niños les enseñaban a pescar, a las niñas a vender, y los mayores tejían y reparaban las redes. Si los pescadores regresaban sin captura, la familia no tenía ni pescado ni dinero.
Al principio, las mujeres compraban pescado en Skovshoved y lo llevaban a la ciudad en cestas a la espalda. Más tarde, los pescadores empezaron a llevar la captura cada mañana en barca directamente a Gammel Strand. Los clientes reconocían enseguida a las vendedoras por sus pañuelos blancos en la cabeza y sus delantales gruesos. En invierno se ponían periódicos bajo la ropa para abrigarse. Aquí había que vender la mercancía perecedera antes que las vecinas, por lo que saber atraer a un cliente formaba parte del oficio tanto como limpiar y pesar el pescado.
Doris heredó el mostrador de su suegra; en su familia, las mujeres se dedicaban a este comercio desde hacía varias generaciones. Todavía conoció una hilera entera de pescaderías, y durante los últimos veinticinco años trabajó sola. Los hábitos de los clientes cambiaron junto con el muelle: antes la gente compraba pescado entero, ya limpio, y lo preparaba en casa; más tarde pedían filetes, carne picada de pescado y hamburguesas ya preparadas.
Doris dejó de vender no por falta de clientes. Tras la reforma del patio vecino, ya no podía dejar allí su pesado carro de venta. Transportarlo desde lejos resultaba caro, y Doris no encontró cerca un nuevo lugar donde guardarlo. El trece de marzo de dos mil ocho vendió aquí su último pescado y se jubiló. Los clientes hacían cola y se pasaban una libreta para dejarle mensajes de despedida.
En el borde del muelle se conserva una pescadera de granito, instalada ya en mil novecientos cuarenta, cuando el mercado ocupaba toda la orilla. Sostiene un pez plano en la mano. El mostrador de Doris fue retirado; la skovserkone de piedra se quedó sobre el canal de la Orilla Vieja.
Información práctica
La escultura y la orilla son accesibles desde la calle; para observarlas, aléjese del flujo de bicicletas y no bloquee el paso estrecho. Los vestigios de la antigua línea de costa permanecen ocultos bajo las construcciones modernas.
