Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Las bóvedas de la antigua sacristía
- Los grandes lienzos del ciclo
- El antiguo altar en la pintura
- La figura oscura de la mujer
La historia del lugar
El museo ocupa la antigua sacristía, la estancia donde se guardaban las vestiduras litúrgicas y se preparaban para el oficio. Lleva el nombre de fray Antonio Rodríguez, monje franciscano y arquitecto que, a mediados del siglo diecisiete, dirigió la construcción del santuario actual. Por eso su nombre se refiere también a la sala del museo: las bóvedas de la antigua sacristía formaban parte del conjunto que él concibió.
Entre mil seiscientos noventa y nueve y mil setecientos seis, la cofradía local de Nuestra Señora de Guápulo encargó para esta sala doce grandes lienzos. El encargo lo realizó Miguel de Santiago, jefe de un conocido taller artístico de Quito, junto con sus alumnos. Estas obras eclesiásticas sostenían a todo el taller, por lo que la participación de los ayudantes es perceptible y la autoría de cada una de las pinturas sigue siendo objeto de debate.
Los artistas debían representar los milagros de los que hablaban los habitantes. El más grave de ellos, según la inscripción de uno de los lienzos, ocurrió aquí durante una misa solemne de mil seiscientos cuarenta y seis. En la iglesia entró una indígena sin nombre, a la que los contemporáneos consideraron poseída. Cayó y quedó tendida como muerta, pero, al terminar el oficio, se levantó sana.
Miguel pintó esta escena aproximadamente medio siglo después. La pintura no aporta un testimonio independiente de una curación sobrenatural: el maestro reconstruyó el suceso a partir de un relato aceptado por la cofradía. En cambio, los comitentes enumeraron a testigos de alto rango. A la misa asistieron Agustín Duarte, obispo y jefe de la diócesis local, y Martín de Arriola, el principal funcionario real de la región. El artista hizo reconocibles sus rostros; la mujer quedó como una pequeña figura oscura en la parte inferior.
Hoy este episodio se denomina el único exorcismo documentado en la región colonial española cuyo centro era Quito. Sin embargo, la inscripción no menciona ni el nombre del exorcista ni un rito separado de expulsión. En ella figuran la caída de la mujer, el final de la misa y su restablecimiento. La cofradía y el taller transformaron el relato transmitido por los habitantes en una confirmación visual del culto local, destinada a peregrinos y feligreses.
De los doce lienzos, solo este muestra el interior del antiguo templo. Al fondo está pintado el altar anterior con la estatua original de Nuestra Señora, que se quemó en el incendio de mil ochocientos treinta y nueve. La estatua ya no está; la mujer siguió sin nombre, pero su figura oscura permanece todavía en la misma sacristía para la que Miguel de Santiago y sus alumnos pintaron su ciclo.
Información práctica
La red oficial de museos franciscanos publica el formato y los precios de las visitas; un horario actual y estable de acceso público requiere comprobación antes de la visita. El portal turístico de Pichincha ofrece horarios diurnos, pero utilícelos solo como orientación preliminar. Comprobado 2026-06-30.
Comprobado: 30 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Confirme por separado el acceso a la parte museística y no cuente con entrar allí a través del templo. Si la visita es posible, deténgase ante las inscripciones y los fondos: las principales pruebas suelen encontrarse fuera del centro de la composición.
