Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Dos cámaras rectangulares
- Arcos de herradura
- Muros abiertos
- Fragmentos de estuco tallado
La historia del lugar
En la cima de Al Qula, dos altas cámaras rectangulares con arcos de herradura forman las Tumbas benimerinas, el cementerio real de los meriníes. En otro tiempo estuvieron cubiertas por techumbres piramidales de madera bajo tejas verdes, y en el interior había epitafios de mármol coloreado; ahora, sobre los muros abiertos, solo quedan fragmentos de estuco tallado. La colina formaba parte de una residencia fortificada de los meriníes. Las excavaciones cambiaron la interpretación de uno de sus edificios: la construcción que antes se consideraba una mezquita fue reconocida por los arqueólogos como un edificio oficial residencial y ceremonial, de planta estrictamente simétrica.
En otoño de mil trescientos sesenta y uno trajeron aquí el cuerpo del sultán Abu Salim Ibrahim. Fue el primer gobernante meriní cuyo entierro en la colina de Al Qula se conoce por los registros históricos. Antes de él, los sultanes de esta dinastía eran enterrados en Chellah, cerca de Rabat, y su predecesor Abu Inan Faris fue enterrado junto a la Gran Mezquita de Fez el-Jdid.
Abu Salim aspiraba al trono tras la muerte de Abu Inan Faris en mil trescientos cincuenta y ocho. Entonces, altos dignatarios de la corte y mandos militares iban reemplazando a los pretendientes meriníes, con la intención de gobernar en su nombre. Abu Salim regresó de su exilio en la península ibérica, consiguió el apoyo de sus aliados y, en mil trescientos cincuenta y nueve, entró en Fez como sultán. Recibió la corte y el tesoro, pero dependía de las mismas personas que lo habían ayudado a ocupar el trono. Dos años después, dignatarios civiles y militares se rebelaron. Abu Salim huyó de la capital, fue capturado y asesinado, y los conspiradores pusieron en su lugar a otro meriní.
Los registros no dicen quién ordenó enterrar precisamente aquí al sultán depuesto. Sin embargo, Al Qula no era entonces una colina vacía sobre la ciudad. Aquí se encontraba una residencia fortificada utilizada por los meriníes. Las excavaciones recientes incluso llevaron a los arqueólogos a reconsiderar la función de uno de sus edificios: la construcción que antes se consideraba una mezquita resultó ser un edificio oficial residencial y ceremonial, de planta estrictamente simétrica. El difunto Abu Salim fue depositado junto a los edificios de aquella misma corte de la que lo habían expulsado en vida.
Su entierro determinó el destino posterior de Al Qula. En mil trescientos noventa y tres, mil trescientos noventa y seis y mil trescientos noventa y ocho enterraron aquí a otros tres sultanes meriníes. El último en llegar aquí fue Abd al-Haqq II, en mil cuatrocientos sesenta y cinco; con su muerte terminó el gobierno de la dinastía. Por eso, el nombre de Tumbas benimerinas se refiere a todo el cementerio real de los meriníes, y no a una sola tumba con dueño conocido.
Dos altas cámaras rectangulares estuvieron cubiertas antes por techumbres piramidales de madera con tejas verdes. A comienzos del siglo dieciséis, todavía se veían dentro epitafios de mármol coloreado; en las fotografías antiguas se distinguen las cubiertas desaparecidas. Ahora quedan muros abiertos, arcos de herradura y fragmentos de estuco tallado. Las inscripciones no permiten determinar en cuál de las cámaras yacía Abu Salim. Dos estelas de mármol firmadas halladas aquí fueron trasladadas a Dar Batha: pertenecían a la princesa Zineb y al dignatario Abu Ali al-Nasir, pero no a ninguno de los sultanes.
Información práctica
Acceso libre; visítelo antes de que anochezca.
Comprobado: 22 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.No se suba a la frágil mampostería ni toque la decoración conservada. Para contemplar la ciudad, elija un lugar estable alejado de los bordes de las ruinas.
